Peluquería para el recuerdo

A pesar de la vertiginosa dinámica del mundo de la peluquería, hay espacios que parecen haberse anclado en el tiempo. En el corazón de las principales ciudades de España, todavía podemos encontrar negocios de antiguo cuño, que sobreviven gracias a una clientela que revaloriza las buenas prácticas del pasado. Las barberías y los especialistas en tocados de alta costura son dos ejemplos muy diferentes de una peluquería que nos invita a recordar. Parte de su vivo misterio te lo desvelamos en las siguientes líneas.

En esta peluquería para hombres, las mujeres que entran es porque buscan un corte tan práctico como masculino. En este espacio en particular, no hay ni champús ni mascarillas, pues no se lavan cabellos y, mucho menos, se hacen tintes. Se practica una peluquería ágil, de al menos 10 cortes por peluquero, con líneas depuradas y estructuradas. Si hay prisas, se va por faena, si hay conversación, se habla mientras se trabaja. Su salón es así, un ir y venir de hombres de todas las edades y clases sociales.

El propietario es un estudioso de varias lenguas, entre ellas el latín (por eso su peluquería se llama “Tonsoria”), un peluquero con variopintos conocimientos, un intelectual pragmático. Asegura que las últimas legislaciones ponen cada vez más difícil la supervivencia de este tipo de negocios. Está por jubilarse, pero en la peluquería encuentra su distracción y la salsa de la vida. Como el latín, no va a dejar morir este salón tan funcional como melancólico.

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