Quevedo, en el “Sueño” titulado “Las zahurdas de Plutón”, dice que el tormento de los barberos en el infierno consiste en no poder tocar la guitarra.
“Pasé allí, dice, y vi
(¡qué cosa tan admirable y qué justa pena!)
los barberos atados y las manos sueltas,
y sobre la cabeza una guitarra…,
y cuando iban con aquel ansia natural
de pasacalles a tañer;
la guitarra les huía… y ésta era su pena”.
Y ya antes, Mateo Alemán, en la segunda parte de “Guzmán de Alfarache” , (pág. 138), dijo:
“no pasa un médico sin guantes y sortija, ni un boticario sin ajedrez, ni un barbero sin guitarra, ni un molinero sin rabelico” .















