Los cordones para adultos que no saben atarselos

Si no llevas cordones en las zapatillas no porque este de moda sino porque no quieres que se den cuenta de que aun no te los has aprendido a atar y siempre te los ató tu mama , mientras vivias con ella , Aleluyah !!, ya tienes la solucion , son los  HICKIES Elastic Lacing System de Brookstone (cuestan solo 20 dolares pero eso no es nada en comparacion con los vistazos a tus pies que van a genear entre las churris y los colegis (pura envidia !)

Pero para que veas que no todo acaba aqui hasta tienes un APP para poder ver como quedaran en tus zapatillas antes de comprartelos . Un producto no es bueno si no va a compañado de un app (faltaba mas !)

Los zapatos oxford y los brogues

oxford+brogue+shoe.jpgEsta temporada los diseñadores se han puesto de acuerdo en una tendencia que a mí personalmente me fascina: los clásicos zapatos oxford o brogues. Realmente, a pesar de que ambos términos puedan parecer iguales y a veces se utilicen indistintamente, hay ligeras diferencias de significado entre ellos.

El término oxford en calzado se utiliza para refererirse a los clásicos zapatos de corte inglés masculinos . Los brogue shoes o brogues son una variedad dentro de los zapatos de estilo oxford, originalmente usados en Escocia e Irlanda, que suelen llevar agujeros o perforaciones a modo de decoración.

Diseñadores como Marc Jacobs han adaptado esta tendencia clásica en sus colecciones de la temporada otoño-invierno, en sofisticados looks con marcado acento retro e inspirados en los años 30-40 y la época de entreguerras

Los nuevos oxford y brogues del siglo XXI presentan múltiples formas: planos y de corte masculino, con tacón y abotinados, bicolor en blanco y negro… un complemento perfecto para dar un toque retro a nuestros looks y que, combinados con prendas de tendencia como pantalones de pierna ancha y talle alto o incluso unos vaqueros pitillo resultan de lo más moderno y cool, porque tampoco se trata de ir vestida como nuestras abuelas.

classic+oxford+shoe.pngEl zapato oxford, es un zapato de cordones con costura prusiana, es decir, las dos partes de la pala que se juntan con los cordones están cosidas bajo la parte delantera del zapato y llevan la lengüeta cosida. Y si bien en función de la decoración o punteado de la puntera, existen distintas versiones

El zapato oxford liso de color negro es un calzado de obligada presencia en todo zapatero que se precie, sin duda, un básico. Es seguramente el zapato más elegante y formal, y por ello, no sólo queda bien con traje sino que resulta un excelente compañero para la vestimenta de etiqueta, es decir, esmoquin, chaqué y frac. Como se puede apreciar en la foto, lleva una costura o corte en la puntera.

Dada la seriedad, anteriormente apuntada, de este tipo de calzado, resultaría impensable combinarlos con un pantalón sport, como por ejemplo, unos vaqueros, chinos o unos pantalones de pana.

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Elegancia a medida

05504D~Baskins-Fashions-I-Posters.jpgSi alguna vez observa a un hombre con un traje impecablemente cortado y uno de los botones de las mangas desabrochado, ni se le ocurra pensar que es un descuido. En el mundo de la exquisitez en el vestir, poder desabrochar el botón de la manga es el símbolo de que uno lleva un traje hecho a medida.

La máxima expresión de esta elegancia es el orgullo con el que los sastres de Savile Row, la milla dorada londinense de la confección masculina, se vanaglorian de que, cuando sus clientes salen de sus establecimientos, ‘nadie sospecha que llevan un traje nuevo’.

Políticos, empresarios, aristócratas, actores, profesionales y altos ejecutivos son los principales clientes de este viejo lujo que, al menos en España, puede salir a sus destinatarios por unos 1.600 euros y perdurar en sus armarios durante más de una década.

En España existen aproximadamente medio millar de sastrerías. Aun sin llegar a los extremos de tradición de los británicos Wilkinson & Sons (fundada en 1662), Roger & Co. (1774) o Henry Pool & Co. (1801), las sastrerías españolas ofrecen unos servicios que satisfacen el gusto de clientes tan diversos como Francisco González, Emilio Botín, Rodrigo Rato, el príncipe Felipe o el rey Juan Carlos.

Discreción, corte exquisito y buen trato son algunas de las ventajas de acceder a este círculo reducido, que en Madrid está representado por nombres como el de Larraínzar, Jaime Gallo o los hermanos Collado; en Barcelona, por José María Blasi, y en Valencia, por Antonio Puebla.
Un mundo en el que tener los hombros estrechos, un estómago contundente o las piernas arqueadas no es impedimento para lucir un traje que siente bien, sea cómodo y marque sutilmente las distancias. No en vano, se dice que en la jerga secreta de los sastres anotaciones como HIC (hombro izquierdo caído), CG (cuello grueso) o PC (piernas cortas) ponen discretamente a cada uno en su sitio y facilitan la labor.

Un hombre bien vestido puede encargar tres trajes de verano y tres de invierno al año. Eso teniendo en cuenta que se trata de gente que puede tener perfectamente 30 trajes en el armario‘, explican en la sastrería de Jaime Gallo, encargados de vestir al príncipe Felipe.

Una cifra que otros profesionales, como Antonio Puebla, fijan en ocho prendas y Gonzalo López Larraínzar, el sastre del rey Juan Carlos, sitúa entre tres y seis. ‘Son personas de alto nivel que tienen mucha ropa y usan poco cada prenda. Un traje nuestro puede durar perfectamente entre 10 y 20 años‘, explica con orgullo López Larraínzar.

Puebla, hermético en cuanto a proporcionar los nombres de sus clientes, aunque famoso por ser el sastre de la clase política, señala que en su taller se toman dos pruebas al cliente, aunque los asiduos se ahorran la primera, ya que cuentan con patrón. ‘Tardamos entre 60 y 70 horas en confeccionar cada traje y el plazo de entrega es de unos dos meses‘.

¿Qué diferencia el traje a medida del resto? Gonzalo López Larraínzar lo tiene muy claro. ‘La diferencia con un traje de diseño, un Armani, por ejemplo, es que el traje a medida es mucho más clásico. Aquí no se paga la marca, sino la hechura. Y resulta más barato. Nuestros clientes pueden vestirse a partir de 1.400 euros hacia arriba‘.

Pese a que todavía es un servicio de élite, todos coinciden en que la gente joven comienza a descubrirlo. Llegan al sastre, normalmente coincidiendo con su primer trabajo y de la mano de sus padres o de un familiar que conozca la casa. ‘No hacemos publicidad. Funcionamos con el boca a boca, el ¿a ti quién te viste?‘, advierten con cautela en la sastrería de Jaime Gallo.

La misma cautela con la que el valenciano Antonio Puebla, ante la pregunta de qué se hace con un cliente con kilos de más, contesta sin inmutarse. ‘Aunque no tengan un cuerpo agraciado, siempre se les puede sacar partido‘.