Historias de Barberias

EDITADO: Pulsar el titulo , y leer al final del post , los comentarios de los lectores , que son en algunos casos expertos peluqueros  y que son lo mas interesante … porque son directos y unicos 


sign02.jpgLas barberías eran antes esa especie de santuario al que se iba no sólo a que te cortaran el pelo, sino a discursear sobre la vida misma. El barbero -al que ahora se le llama peluquero, como al maestro se le dice profesor cual si de un eufemismo se tratara-, era ese hombre que nos ponía al corriente de cuanto acontecía en derredor, más que nada para que ni un detalle de lo que estábamos viviendo se nos escapara.

En aquellos años las barberías olían a Varón Dandy y a espuma Lea. La brocha era consustancialmente mágica y la navaja no menos. Y no digamos la máquina con la que nos descargaban de pelo, esa que de cuando en cuando te producía un sentido escalofrío al adentrarse en nuestras cabezas y que todavía recuerdo para mis adentros.

En los lejanos años 60 y 70 mis dos barberías fueron la de Ginés y su padre, Pepe, en el barrio de San Antonio, donde pasé los primeros meses de mi vida y la de José el de Pío y Manolo, en la calle de Pinar y Sánchez Bravo, luego de las Escuelas, a la que nos trasladamos a vivir después.

La primera de ellas, ubicada a la entrada de la vivienda familiar, en la calle de Los Hernández, tenía cortinas en hilera, sillas y banquetas de madera e innumerables jaulas con canarios que cantaban exultantes y que su propietario criaba con sumo esmero. Allí, sentado en su portal, fue donde me aficioné a leer todos los días el periódico, ojeando de arriba abajo las páginas del extinto diario Línea, cuando todavía conservaba en su portada el yugo y las flechas.

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La otra barbería, la de José y Manolo, no tenía tantos pájaros, aunque creo que alguno sí llegué a ver por allí, pero si diversos cuadros de equipos de fútbol en sus paredes, sobre todo del Real Madrid. Quizá en consonancia con los colores del club que presidía don Santiago Bernabéu, los dos oficiales lucían sendas batas blancas e impolutas para atender al personal. Recuerdo la devoción de José por los tangos de Carlos Gardel.

Manolo era un señor como más serio que venía todos los días de la vecina Molina donde vivía. Han pasado muchos años y no sé que habrá sido de él. A Ginés y a José los suelo ver con cierta asiduidad por las calles del pueblo. Un día que estaban juntos y que paseaba con mi hijo pequeño, tuve ocasión explicarle que aquellos dos hombres eran los barberos de mi niñez y que Ginés, en concreto, fue quien me cortó el primer mechón de pelo con escasos meses de existencia.

Hoy las barberías son otra cosa. Todavía queda alguna abierta en cierto rincón casi perdido en barrios y pueblos. Pero lo de ahora, sobre todo en las ciudades más grandes, es lo que se da en llamar peluquerías unisex donde a los hombres y mujeres los arreglan de manera bastante más impersonal, sin ese trato y esa querencia de antaño y donde, en ocasiones, más que cortarte el pelo, a poco que te descuides, te lo toman directamente.
VEGA MEDIA PRESS – HISTORIAS DE BARBERÍAS

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8 comentarios en “Historias de Barberias

  1. Quiero hcer un omenage a todos los barberos, que como yo se dedicaron a este noble oficio y del cual me siento orgulloso.

  2. Veo esa silla de barbero y me recuerda la de mi barberia de barrio durante mi ninez.
    Alli atendia Domingo, de unos 60 años, siempre con su delantal blanco que le cubria las rodillas, esperando a los clientes sentado en su silla de barbero leyendo el periodico.
    La barberia era muy antigua, dos sillas giratorias, un gran espejo en la paredy un mueble con cajonera donde guardaba sus utiles y herramientas. Tijeras navajas ,peines y maquinillas ( nada de maquinas electricas, todas manuales con distintos peines para distintos cortes).Para los niños esas maquinas representaban la torturay eran las culpables de sus cabezas peladas.
    Recuerdo que al entrar , Domingo saludaba y de inmediato colocabaen el medio del salón la silleta para niños.
    Me ayudaba a subir y ya quedaba expuesto a lo que hiciera el barbero, El corte ya estaba acordado entre el peluquero y mi padre: pelado por detras y a los costados y un poquillo mas largo arriba para poder peinarlo.
    Me colocaba la capa blanca que cubría casi toda la silla y alli quedaba yo temblando de terror.
    Comenzaba su tarea con tijera por detras y por arriba hasta dejar , en la parte superior el largo adecuado.Una vez hecho esto , entonces si, venía la maquinilla con el peine numero 1. Desde la nuca hacia arriba , a contrapelo la pasaba por franjas. Yo con la cabeza gacha sostenida por la manota del barbero no podia ver pero si sentia el raspado de la maquinilla. Me parecia que Domingo disfrutaba pelandome, se notaba en su rostro risueño.
    La maquina se iba devorando mi cabello dejando al aire mi cuero cabelludo. El mismo trabajo por los costados.
    Cuando terminaba parecía que la tortura habia terminado. Sacaba los pelos sueltos con un cepillo y quitaba la capa, sacudiendola en el aire como un torero. Ante mi sorpresa me la volvia a colocar y observando mi cara de sorprendido me decía: ahora quedate quieto que con esta maquina puedo llegar a cortarte una oreja. El miedo me consumia , entonces cumplia con su orden. El barbero decia: pues ahi viene la del dos ceros y veras lo guapo que quedas.
    Otra vez su mano sobre la cima de mi cabeza, me la inclinaba hasta que mi barbilla se juntaba con mi pecho.
    Podia sentir como esa maquina esquilaba los pocos cabellos cortos que quedaban. La pasaba una y otra vez por toda la nuca y los costados hasta quedar la nuca rasurado al maximo, con tijera daba los retoques a la parte superior dejandolo mas corto, y por ultimo, como si hiciera falta , tomaba la del tres ceros y ahí si, adios la nada que quedaba de cabello. M pasaba la palma de su mano por mi nuca para comprobar la efectividad del corte, Eso me causaba espanto, sentia mi cabeza como cepillo. Me engominaba el pelo y peinaba lo poco que quedaba arriba.
    Retocaba con tijera algun pelo rebelde que hubiera quedado y me cepillaba la cabeza para quitar los restos.
    Mirandome en el espejo me veia absolutamente rapado, y observaba la cara de satisfaccion del barbero. Me quitaba la capa y me ayudaba a bajar de la silleta.Sacudia la tela y pronunciaba, si es que algun cliente esperaba su turno, la tipica frase: que pase el siguiente, y alli se dirigia al sillon la proxima victima de sus terribles maquinas cortapelo.
    La barberia ya no esta , pero esos cortes seran inolvidables.

  3. Creo recordar esa vieja barberia. Su nombre era San Martin , y a Domingo el barbero siempre con ese catarro de fumador. La barberia era muy vieja con piso de baldosa negra y blanca , dos sillones giratorios de cuero marrón , uno de los cuales ni se utilizaba, un gran espejo y el mueble de cajones . Detras de la silla de barbero , sobre una pared de madera estaban las sillas de espera para clientes. Recuerdo a Domingo con su delantal y en el bolsillo superior sobresalia un peine y una tijera.
    Los sabados por la tarde se llenaba de ancianos del barrio que iban a pelarse o solo a charlar.
    En mi niñez me llevaban allí cada 3 meses, asi que llegaba con abundante cabellera.
    Para los niños había una silleta de madera con asiento de mimbre tan alta para esa edad que necesitabamos ayuda para subir. Recuerdo una tarde que fui llevado por mi madre a regañadientes. Al llegar solo habia un cliente en la silla pelandose. Al entrar, yo llorando , mi madre le dio al barbero las ordenes acerca de mi corte. Ella fue muy clara: – cortele 100 pesos de pelo. Domingo y el cliente de la silla rieron lo que me dio mas humillación. Terminado el trabajo sobre quien ocupaba la silla, llegó mi turno. Domingo colocó la silleta en medio del salón y me ayudó a trepar a ella , aun llorando. La cara del barbero era de satisfaccion como disfrutando de su proxima media hora.
    Me colocó al cuello la gran sabana blanca y comenzo a peinar mi largo cabello. Se dio tiempo para comentar la falta que me hacia un corte de pelo. Era el momento de la tijera por toda la cabeza, la sabana blanca se iba cubriendo de mechones que caian de mi cabeza. Apuró con tijeras todo el pelo y lo sacudio con un cepillo de madera.
    Yo solo podia mirar el espejo y sufrir la humillacion.
    Paso siguiente, Domingo y su maquina manual , vaya a saberse de que epoca era, del número 1. Siempre comenzaba por la nuca sujetando hacia abajo la cabeza del cliente con fuerza. Uno quedaba inmovil e incapaz de verse en el espejo. Comenzaba el corte subiendo la maquina hasta la coronilla. Matas de cabello ya cubrian la sabana.Tres o cuatro pasadas por la nuca para que quedara totalmente tusada. Cuando atacaba los laterales uno podia verse en el espejo y lamentar lo que sus ojos veian. La maquina arrastraba el cabello dejando la zona totalmente pelada. Completaba del otro costado, y el sonido mecanico de la rasuradora sonaba como un traqueteo constante. Cubria la nuca con talco de una polvera y sacudia con el cepillo. Paso siguiente, siempre presionando la cabeza hacia abajo, era el turno de la maquina del tres ceros.La pasaba sin cesar por la nuca hasta dejarla en blanco completo. Se notaba en el espejo su disfrute. El suelo, cubierto de pelos daba la imagen patetica de lo que habia ocurrido. Resulté rapado al maximo, y solo quedaba un pequeño flequillo que peinaba con gomina..Una ultima pasada con la maquina por toda la cabeza era la firma de su trabajo. Bajaba de esa silla completamente rasurado y para conformarme, me repartia caramelos. Eran peladas monumentales que el barbero disfrutaba realizar en las cabezas de los niños del lugar. Nadie escapaba a las maquinillas de Domingo..Que recuerdos..

  4. Mi peluquero de la niñez y adolescencia , Don Quiroga, tenía un sillón de torturas como ese. A su peluqueria me llevaba mi padre y a veces mi abuelo, pero siempre salía rapado.
    Las instrucciones , ni bien me sentaban en el sillón, eran siempre las mismas: ¨ Don Quiroga, bien peladito al cero , eh?. El peluquero disfrutaba de estos cortes a niños y jovencitos porque ponía en práctica su arsenal de actitudes sádicas.
    Una vez cubiertos con esa inmensa tela blanca que nos tapaba por completo , el peluquero iniciaba su trabajo preparando sus herramientas: peines , tijeras, navajas y….las temibles maquinillas cortapelo con las que nos rasuraba el craneo.
    Si ibamos solos a la peluquería , con el rollito de plata que nos daba la vieja para pagar el corte, el barbero se divertía y nos humillaba a su gusto. Nos dejaba siempre frente al espejo para que pudieramos ver la rapada por nuestros propios ojos. Nos hacía repetir las instrucciones que nos daba nuestro padre o madre solo para reirse de nosotros. Decía:¨ Que te ha dicho tu madre del corte?….y uno repetía…¨ Me tiene que pelar todo lo que pueda con la máquina del cero¨….¨ Muy bien jovencito, un corte bien de hombre…¨. Del marmol que estaba debajo del espejo seleccionaba la máquina de puas mas estrechas y la hacía funcionar en el aire delante de nuestros ojos y nos decía , muy serio: ¨ahora niño, la cabecita bien abajo para que la maquina te pele bien , y sin moverse porque si te hago un mal corte te tendré que pelar totalmente para disimular el trasquilón….está clarito?¨. Uno quedaba preso del terror y bajaba la cabeza hasta que el mentón pegara contra el pecho. Don Quiroga apoyaba la maquina en la base de la nuca y la empezaba a subir lentamente hasta la coronilla dejando una franja pelada al ras. La tela blanca se iba cubriendo de mechones cortados y nos decía cómo podía ser que anduvieramos con el pelo tan largo…que parecíamos niñas….y nos seguia pelando por franjas. Ponia a funcionar un viejo pasacasetes que tenía sobre el mueble y la peluquería se envolvía con la opera FIGARO. El peluquero era como que entraba en trance y, por momentos terminaba acompañando al tenor en las estrofas en la que se repetía el Fígaro, Fígaro, Fígarooooooo….uno era niño y no se daba cuenta de eso , pero el peluquero lo utilizaba como metodo sádico para hacer su trabajo. Seguía pelando y repetía ¨Figaro qui, Fígaro cua……..lalalalalalalalalaáááá´. Me movía la cabeza a gusto como si fuera un muñeco y me pelaba los costados. Fígaroooo, Fígarooo, Fígarooooo…..y seguia , sube y baja la cortapelos. En mas de una oportunidad en la que llegaba un cliente que para él era desconocido apagaba la música, pero si se trataba de algún viejo conocido del barrio , ni siquiera lo hacía.
    Seguía con la esquila pasando la máquina con cierta malicia y morbo. Yo no podía ni mover la cabeza porque me la sujetaba con firmeza. Cuando dejaba de pelarme , me sacudía los pelos cortados con un cepillo de madera de cerdas blancas y duras , me entalcaba la nuca con una talquera de metal brillante que tenía un pompón blanco y me empezaba a desabrochar la tela. Yo pensaba que la tortura había terminado y amagaba bajarme del sillón, El peluquero me sujetaba de los hombros y me sentaba de nuevo , y me decía: ¨ eh….está apurado? todavía no terminé.¨ Yo me volvía a quedar quieto mientras me colocaba nuevamente la tela. Si la música había terminado la volvía a poner. Fígaro qui, Fígaro cua, Figaro si, Fígaro la…lalalalalalalalalá….
    De un cajoncito sacaba otra maquinita mas pequeña , le ajustaba la mariposa de arriba y la aceitaba probandola luego en el aire abriendo y cerrando su puño derecho. Con el tiempo supe que era la maquinilla del doble cero que pelaba como la hostia. Otra vez pedía la cabeza gacha, y otra vez la maquinita desde la base hasta la coronilla. Fígaro, Fígarooo, Fígarooooo…..lalalalá….
    La otra maquina causaba estragos. Ya casi no caía pelo, solo pequeñas puas de algunos milimetros. Cada tanto , con la palma de su manota me sobaba el cráneo a contrapelo verificando el buen pelado que me estaba dando. Otra vez el cepillo y otra vez talco en la nuca. De arriba me cortaba todo el pelo a tijera y lo dejaba muy cortito. Una lluvia de pelo caía delante de mis ojos. El flequillo lo cortaba desparejo por arriba de las cejas, muy corto. Cepillito de nuevo. Para mofarse aún más, sabiendo que no había vuelta atrás , me ponía un espejito en la nuca y me la mostraba toda rapada pasandome la mano de abajo a arriba. Una mueca de gracia se notaba en sus labios. Faltaba el afeitado. De un tachito de metal con una brocha, me enjabonaba todo el contorno pelado en la base de la nuca, detras de las orejas y en la base de las patillas. Afilaba con un cuero que colgaba del apoyabrazos del sillón , una navaja de mango blanco y me rasuraba toda la zona. Me sacaba el exceso de jabón y, como ya sabía que me estaban por venir a busacr , apagaba la música. Era un verdugo. Cuando terminaba conmigo, me hacía bajar del sillón, sacaba el suplemento donde había estado sentado y , si había algún viejo esperando para ser pelado , lo llamaba a ocupar el sillón mientras yo me disponia a esperar en una silla de madera de un costado.
    Hubo veces en que mi viejo, o mi abuelo, llegaban antes de que el peluquero terminara. Si era mi viejo , se sentaba y esperaba a que el peluquero termine, pero si era mi abuelo se paraba detras del sillón , me pasaba la mano por la nuca y le pedía a Quiroga que me pelara más la nuca. Yo casi lloraba, pero el peluquero cumplía y con una triple 0 me dejaba como un soldado.
    Eran rapadas que duraron hasta mis 13 o 14 años. Bastante humillante. Lo malo de todo es que , cuando uno era chico y contaba en casa lo que hacía el peluquero, nadie te creía y uno tenía que soportar, cada vez que iba todas las humillaciones de Quiroga.

  5. Ah…me ha hecho reir mucho Pedro narrando sus vivencias infantiles. El Fígaro qui, Fígaro qua es muy gracioso.
    Vaya éste mi recuerdo a todos los peluqueros-barberos, como mi padre quien me enseñó el oficio desde joven y hoy , a mis 58 años, sigo tabajando en la vieja peluquería familiar.
    Hay cosas que comenta Pedro que son reales, por ejemplo que existen peluqueros con un grado de morbo y sadismo que disfrutan cortando el pelo , sobre todo en niños y jóvenes porque por lo general son cortes no deseados y sufren en el sillón mientras son pelados y ese nerviosismo o miedo nosotros, los viejos peluqueros, enseguida lo detectamos.
    Yo tenía un compañero, hace muchos años, que tenía esta característica y siempre que nos juntábamos en alguna celebración del día del peluquero ( 25 de AGO) contaba sus anecdotas.
    Contaba que allá por los años 60 y 70 , con la moda del pelo largo, no podía ver a los jovencitos con esas melenas , y visto que en esa época solo llegaban a las peluquerías personas mayores, viejos clientes, el trabajo había menguado y él lo atribuia a esa moda y le daba mucha bronca. Fue ahí, decía, cuando empezó a sentir esa morbosidad cuando le caía en el sillón algún pibe pelilargo que era llevado de prepo por su padre a cortarse el pelo. Allí sacaba de lo más profundo toda esa bronca y los rapaba más de la cuenta, incluso mucho más de lo que el padre pedía.El corte media americana o la americana eran sus favoritos en esos casos y llegó a mentir a veces , diciendole al padre ( o a la madre, según quien fuera el acompañante) que el pibe tenía liendres y que lo mejor era raparlos al cero. Obvio que los padres aceptaban la sugerencia para evitar los problemas en la escuela y sus hijos eran despojados de sus melenitas. Cuando lo contaba parecía gracioso, pero visto hoy , era de muy mala fama lo que hacía. Para él las maquinillas de mano ( esas maquinas viejas con tornillo de ajuste) estaban siempre listas en la encimera del mueble.
    Como entre peluqueros nos atendemos unos a otros, una vez éste me tuvo que cortar el pelo y la verdad que se le fue un poco la mano y me dejó bastante peladito, pero bueno, como yo era de pelo corto no pasó nada.
    Tiene razón Pedro cuando dice que una cosa es cuando a los pibes los acompaña un mayor y otra cosa es cuando van solos. Ahí es cuando estos peluqueros se abusan del dominio que ejercen en ese momento al tener al cliente a su merced y el morbo los domina a ellos y los pelan a mansalva, total , ningún padre se queja si su hijo es rapado como manda la ley de los caballeros. Este compañero ( que no era amigo mío) contaba que una de las maneras que tenía de acrecentar la angustia de los pibes era el pelarlos con mucha parsimonia, alargando el tiempo del corte y siempre con el cliente frente al espejo para que vaya viendo su transformación. No faltaban comentarios cargados de sadismo con frases típicas cómo:

    ¨ A ver, pibe, bajá la cabecita y quedate quietito, eh?¨
    ¨ Nene, cuanto hace que no te cortás el pelo?¨
    ¨ Cómo lo cortamos hoy?…bien rapadito, no?¨
    ¨ Ahora te paso la CERO y te dejo bien prolijito, sabés?¨
    ¨ Qué pasó, pibe? el viejo te mandó pelarcomo un hombre?¨

    Otras situaciones que demostraban a las claras que este tipo de peluqueros disfrutaba del corte eran:

    – El pasar la palma de su mano a contrapelo desde la base de la nuca, haciendole sentir al cliente todo lo que lo había rapado.
    _ Dejarlo en algún momento de la mitad del corte, solo frente al espejo con cualquier excusa, para que quien estaba en el sillón se viera reflejado a medio pelar ( era típica esta situación cuando había clientes en espera).
    _ Hacer algún chiste sobre el corte de pelo que estaba haciendo, para que quienes eran espectadores, lo celebraran ( con ésto lograba cierta humillación de quien estaba siendo peluqueado).
    _ En el momento de poner el espejito en la nuca para que se viera el corte por detrás, sonreir y preguntar si estaba bien así, o si se quería mas cortito ( generalmente la nuca ya estaba al ras y solo quedaba afeitarla).
    _ Humillar a quien estaba en el sillón sujetandole con firmeza la cabeza hacia abajo mientras pasaba la maquinilla.
    _ Si había alguna mujer acompañando a algun niño que sería rapado en minutos, hacía alarde de sus virtudes como peluquero.
    _ El entalcado y posterior cepillado de la nuca , que si bien es necesario, estos peluqueros lo hacen en exceso.

    Generalmente estos peluqueros son fieles a las tradiciones y son poco amigos de los adelantos tecnologicos, por tal motivo mantienen un arsenal de maquinas cortapelo de todos los números posibles dispuestas sobre el mueble, que aterrorizan a cualquiera que las tenga de frente. Lo mismo ocurre con los peinadores. Hoy los hay de distintas telas( incluso plásticos) y de distintos motivos y colores, pero para estos peluqueros no hay como las viejas sábanas blancas de algodón, muchas veces perfectamente almidonadas.
    Hoy que se ha puesto de moda el pelo bien corto, los jovenes , en su gran mayoría concurren a los salones unisex donde, si tiene suerte son peluqueados por hermosas jovencitas , que valiéndose de las poderosas maquinas eléctricas les dejan la bocha bien afeitada. Los viejos peluqueros la seguimos remando porque todavía queda gente que vuelve a las peluquerias tradicionales y a los cortes clasicos.
    Saludos a todos, los peluqueros y los clientes.

  6. Que alegría me ha provocado el ver nuevos comentarios en la página.
    La he venido siguiendo casi permanentemente pero veía, no sin desaliento, que no había novedades, y no me animaba a comentar por temor a que la página estuviera fuera de servicio. Pero en estos días noté un resurgir de excelentes comentarios y eso me llevó a enviar alguno de mis recuerdos. Soy de Argentina y casi contemporáneo con Alvaro peluquero, del cual me encantó su visión como profesional del cabello. Yo sólo fui cliente desde siempre y desde ese lugar puedo brindar mis experiencias.
    Mi padre, que ya no está, era un caballero como decimos aquí ¨ chapado a la antigua¨, motivo por el cual era muy exigente, en cuanto al cabello, conmigo su único hijo varón.
    Desde mi más corta edadya tuve asignado a mi peluquero , que era el mismo que el de mi padre y mi abuelo. Sin embargo pocas veces hemos coincidido los tres en el mismo día de corte.
    Por razones de ocupación , mi padre normalmente concurría a la peluquería de Don Campos los días sábados que era el día libre y algunas de visitas las hacíamos juntos por decisión de él. Pero hubo muchas otras veces que mis cortes eran entre semanas , entonces era mi madre la ocasional acompañante. Siempre recuerdo que cuando mi pelo empezaba a crecer, durante la cena mi padre tomaba una postura autoritaria y , mirándome fijo, me decía: ¨ Oiga Ud … que espera para cortarse esa melena? …mañana sin falta se me va con su madre a lo de Campos para que lo pele, estamos?¨. Ahora me causa gracia esa situación pero antes, cuando mi viejo me trataba de ud. era porque la cosa venía en serio. Yo bajaba la cabeza sumisamente y escuchaba las risas maliciosas de mis dos hermanas mayores.
    Al otro día sin falta , por la mañana antes de ir a la escuela, mi madre me preparaba y salíamos los dos rumbo a la peluquería que quedaba a escasos 200 m de mi casa. Yo hacía el viaje con un nudo en el estómago y muerto de miedo , aunque ya sabía cual era el final de la película.
    El local era muy pequeño. Una puerta de chapa vidriada que no dejaba ver el interior por una cortina azul que lo impedía. Al costado , una ventana de tipo balancín que sólo estaba abierta en época de verano. En el interior, un solo sillón de barbero de cuero rojo frente a un gran espejo sobre un mueble de madera clara. Era tan angosto el lugar que las sillas de espera estaban casi pegadas al respaldo del sillón Triumph. Si había mas de tres personas esperando ya era imposible el ingreso motivo por el cual siempre me llevaban ni bien Don Campos abría cerca de las 8 de la mañana.
    Mi pobre vieja tenía que comerse mis berrinches porque yo odiaba esas visitas. Me entraba casi a los empujones y de inmediato, para evitar cualquier arrebato, el peluquero disponía la silleta alta para niños frente al espejo. Don Campos se ponía serio y con fuerza me subía a la silla y de inmediatome cubría con una sábana inmensa de color blanco que cubría casi hasta el piso. Me la ajustaba con fuerza por detrás y me ponía en la base de la nuca otro paño blanco menor y lo doblaba por dentro de mi cuello.
    Mientras me pasaba el peine y me estiraba el pelo preguntaba por el corte. Era una pregunta innecesaria porque la respuesta era archiconocida…mi vieja le pedía , como siempre , una americana. Yo quedaba ahí a merced del peluquero. Hubo veces en las que quedaba solo porque mi vieja aprovechaba el tiempo que duraba el corte para hacer los mandados, entonces le decía al peluquero que en una hora estaba de vuelta. Si bien el peluquero no era autoritario, iba a cumplir a rajatablas con el pedido y me iba a pelar al rape como siempre. Tenía todas las maquinas de pelar sobre el mueble, que para mí eran todas iguales y no entendía de números. Con peine y una de las maquinitas se dirigía a mi nuca y me empezaba a rapar hasta llegar hasta el remolino. En 10 minutos me pelaba toda la cabeza y despues , doblandome las orejas me pelaba detras de ellas y arrasaba con mis patillas.
    Paso siguiente, con unas tijeras enormes me cortaba todo el pelo de arriba hasta que quedara bien cortito. Como decía Alvaro en su comentario, era infaltable la talqueada y el cepillado. Para definir el corte, con otra maquina ( que con el tiempo entendí que era la #0) me volvía a dar otras pasadas hasta que quedaba todo el pelo al ras.
    Cuando mi vieja volvía , ya estaba por terminar el corte entonces el epluquero buscaba su aprobación: ¨ Le parece bien así ? o lo prefiere mas cortito?¨. Mi vieja aprobaba y el peluquero me terminaba de rasurar con una navaja los contornos por donde había pasado la maquinilla. Me peinaba a la gomina y me liberaba de la tela blanca. Me bajaba de la silla , mi vieja pagaba el corte y después la vuelta a casa para soportar las bromas crueles de mis hermanas.
    Que tiempos¡¡¡¡¡ Ahora me siguen pelando pero ya no está Don Campos y mis hermanas ya no se mofan…jajajajaj

    Un saludo a todos… y espero que la página siga creciendo. Alguna vez contaré cuando yo llevaba a mi hijo a lo de Antonio Caprioni, otro tano barbero……

    • Gracias nuevamente por vuestros comentarios y recuerdos de primera persona, que son lo mas valioso de todo
      La pagina sigue funcionando , y muy bien , llevamos 11 años publicando :
      https://refineriadecaballeros.wordpress.com/2017/11/15/11-anos-de-refineria-de-caballeros/
      En este momento Refineria es una referencia y en ella miran las marcas internacionales (recibiremos esta semana muestras para publicar de Institute Karité, de Paris, de Phoenix, de USA, de Viking Blades de Australia, tambien de Pearl de India y de Parker de Pakistan , y dentro de poco un jabon artesanal de India, y tres excepcionales sorpresas de Forrester, de Canada … ) nuevas marcas a mostrar … todo para esta proxima semana
      Espero que sigamos asi largos años .. aunque a veces son otros motivos personales los que retienen y no se puede publicar tan a menudo como se desea ..
      Repito las gracias por vuestras colaboraciones y comentarios, que son altamente valiosos

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