Las barberias en la epoca romantica

Davillier tampoco se le escaparía la exótica estampa barbera, pintada como sigue. Y por supuesto, como músico que era, no olvidaría la guitarra:

A pesar de esta universalidad de talentos, la tienda del barbero está amueblada con la mayor sencillez. Seis u ocho sillas, un sofá de paja y una mesita de madera pintada, componen todo el mobiliario. Las grandes paredes están provistas de algunas bacías de loza blanca con dibujos azules, que provienen de Valencia o de Triana y de algunas litografías coloreadas que representan escenas del “Judío errante” de Eugenio Sué; o también, como tuvimos un día la ocasión de comprobar, una colección de “Corridas de toros dibujadas por Gustave Doré”, con el pie en francés y en español. No hay que olvidar una guitarra colgada en la pared, pues el barbero sevillano es casi siempre un apreciable guitarrero, sólo que en lugar del brillante traje de Fígaro lleva sencillamente un pantalón, una chaqueta y un chaleco (vol. I, pág. 428).

En Granada, los conciertos en las barberías llegarían a ser tan célebres, que hasta se les anunciaba en la prensa. He aquí como lo cuenta Eduardo Molina Fajardo en El Flamenco en Granada. Teoría de sus orígenes e historia, refiriéndose a 1882:

Mientras tanto, el pueblo, que no asistía a la ópera ni a los conciertos distinguidos, no olvidaba sus coplas amargas y burlonas y seguía cultivándolas en la intimidad o en pequeñas reuniones de “cabales”. En el salón de peluquería de don Nicolás González se organizaban reuniones flamencas, que, a veces, se dieron a la publicidad. Una de ellas fue para la presentación de don Antonio Giménez –ya había dado con escaso público un concierto de guitarra y cante andaluz en la Galería de Cristal de los Campos Elíseos granadinos- y que en la barbería le tributaron los mayores elogios los aficionados por su novedad de estilo en los diversos cantes, que ejecutó con admirable perfección, sobresaliendo en las “malagueñas”, “jaberas” y “perteneras”.

Un comentario en “Las barberias en la epoca romantica

  1. Tengo setenta años y desde los ocho, que entre de aprendiz en una barberia, toda mi vida la e dedicado a este onesto oficio de barbero, de lo cual me siento muy orgulloso.

    A. M.

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